Un estudio realizado por McKinsey & Company descubrió que el 72% de los decanos y líderes universitarios dijeron que preparaban a sus graduados para la fuerza de trabajo. Por el contrario, sólo el 42% de los empleadores y el 44% de los estudiantes piensan lo mismo (Mourshed et al., 2013). La falta de reciprocidad entre las universidades y el mundo laboral es real y es enorme.

En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, tratar de adivinar cuáles serán las tendencias futuras parece imposible. Según un estudio de la Universidad de Oxford, el 47% de todas las ocupaciones en los EE. UU. podrían desaparecer a causa de la automatización en las próximas dos décadas (Frey et al., 2013). Además, el 60% de todos los empleos tendrán al menos un 30% de probabilidades de ser automatizadas (Manyika et al., 2017).

Con toda esta incertidumbre, ¿cómo puede el sistema educativo preparar a los estudiantes para trabajos que aún no se han inventado? Una cosa es segura: el futuro del trabajo depende del futuro del aprendizaje.

¿Qué habilidades se necesitan?

Un estudio llevado a cabo por la NACE con 260 empleadores en los Estados Unidos (Gray et al., 2017) encontró que los atributos más deseados que los empleadores buscan en los candidatos van más allá que un buen promedio. Lo que los buscan es una combinación de habilidades interpersonales que incluyen la capacidad de resolver problemas y trabajar colaborativamente con otros. Las habilidades técnicas ocupan el puesto 11 en la lista cuando se clasifican por orden de importancia. Mientras tanto, otro estudio sobre el futuro de las habilidades (Bakhshi et al., 2017) descubrió que el pensamiento complejo, las capacidades interpersonales y todo lo que nos hace humanos es lo que permitirá emplearse en el futuro.

Las “habilidades blandas” (soft skills) son extremadamente relevantes para el éxito profesional  y en la vida cotidiana. La gente las necesita hoy y las necesitará en el futuro para administrar sus trabajos, no sólo para distinguir entre información importante y falsa , sino también para dominar nuevas tecnologías y competencias. En lugar de definirlas como habilidades blandas, deberían llamarlas power skills (habilidades  poderosas) porque, en un mundo de incertidumbre, la formación continua y la capacidad de reinventarse a sí mismos será esencial.

¿Por qué el aprendizaje centrado en el estudiante es esencial para lograr estas habilidades poderosas?

En el aprendizaje centrado en el estudiante, el alumno es el enfoque principal. En este entorno, los estudiantes asumen la responsabilidad de su aprendizaje y desarrollan autonomía e independencia; rasgos esenciales que permiten y mejoran el aprendizaje permanente. Con esto en mente, el Tecnológico de Monterrey desarrolló un nuevo modelo educativo llamado Tec21 (Tecnológico de Monterrey 2017), que permite a los estudiantes aprender de manera independiente de por vida. Tec21 crea competencias disciplinarias y habilidades poderosas al resolver desafíos del mundo real. Estos retos tienen módulos de trabajo adjuntos para el aprendizaje, que pueden ser cursos, competencias o trabajo de campo mientras que los estudiantes son evaluados sobre la evidencia del desarrollo de sus competencias. En Tec21, los estudiantes pueden elegir el formato de estudio con el que se sienten más cómodos para algunos cursos específicos, ya sea en el aula, en otro campus, en línea, en colaboración o individualmente.

Las tareas basadas en desafíos pueden asegurar el desarrollo de las habilidades poderosas ya que son imposibles de desarrollar en un aula sin enfrentar situaciones de la vida real o problemas que puedan presentarse en el futuro.

Estos entornos de aprendizaje modernos y flexibles no solo alientan y exigen que los estudiantes colaboren entre sí y practiquen el pensamiento crítico, sino que impulsan a los educadores a adquirir nuevas habilidades para cumplir los objetivos establecidos por cada alumno y a ser más creativos. Además, requiere que los maestros se conviertan en mentores, guiando a los estudiantes en su proceso de enseñanza.

20% de tiempo: proyectos de aprendizaje autodirigido

Otro ejemplo de herramienta de aprendizaje centrada en el estudiante es “20% de tiempo”, que es una práctica que se inspira en Google. Permite a los empleados utilizar el 20% de su tiempo de trabajo para explorar proyectos de su elección, siempre y cuando se alineen con la empresa. En un entorno escolar, esto significa una hora a la semana donde los estudiantes pueden explorar diferentes temas de su interés.

Al dar a los estudiantes la oportunidad de desarrollar proyectos de aprendizaje autodirigidos, tienen la oportunidad de trabajar en profundidad sobre temas que pueden no estar en el plan de estudios pero que pueden ayudarlos a descubrir su pasión mientras desarrollan habilidades de curiosidad, exploración e investigación.

Conclusión

Al implementar un ambiente de formación centrado en el estudiante en lugar de la instrucción centrada en el maestro, se puede promover y desarrollar un énfasis en el aprendizaje a lo largo de la vida y la capacidad de reinventarse,  la cual será vital para el trabajo del futuro.

Las habilidades poderosas como el pensamiento crítico, el trabajo en equipo y la capacidad de aprender a aprender serán fundamentales para las generaciones futuras, no solo para alimentar a la fuerza de trabajo frente a los cambios tecnológicos, sino también para lograr carreras gratificantes en cualquier trabajo nuevo que se necesite en  el futuro.

Fuente: observatorio.itesm.mx